UN CUERPO QUE TE ESPERABA

Me senté a esperar
esa boca tuya
que para mí era
la más suculenta de las locuras.

Me senté a esperar
que tu mirada
fijara en mí su objetivo,
aunque no pasaba nunca.

Me senté a esperar
tus palabras;
y en el silencio mudo
quedé atrapada.

Me convertí en la sencillez
de un cuerpo;
que te esperaba
bajo capas de piel deshabitada.

Y mi yo;
que vagaba buscándome
se puso frente a mí al encontrarme
allí tirada. Le miré, me miraba, me miré.

Y en ese cara a cara
entre mi yo y mi piel deshabitada,
en esos ojos míos
que fuera me esperaban;
supe ver por qué te aguardaba.

Era ya un hábito,
una costumbre
pues ya no te quería,
no te necesitaba.

Así fue como abrí mi pecho
hincando en él
las yemas de mis dedos,
y tiré de mi yo, para meterle dentro.

Volví a ponerme de pie
y a sentir el peso de mi cuerpo
en ellos, sintiendo
el dulce balanceo del equilibrio
entre mi mente y mi cuerpo.

Y aprendí a caminar de nuevo;
y caminé,
y caminé,
y caminé, sobre mis pies de nuevo.

NIEVES ARDITE G.

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